El hijo del rey y el león pintado - Fábula

Un rey, cuyo único hijo era aficionado a ejercicios marciales, tuvo un sueño en el cual fue advertido que su hijo sería matado por un león.

Temeroso de que el sueño se hiciera realidad, construyó para su hijo un agradable palacio, y para su diversión embelleció las paredes con dibujos de todas las clases de animales de tamaño natural, entre los cuales estaba el de un león. Cuando el joven príncipe vio esto, y al ser confinado adentro, su pena explotó, y estando de pie cerca del dibujo del león, dijo:


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   Imagen: El león   
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–¡Oh usted, el más detestable de los animales! por un sueño intimidante de mi padre, y por lo que él vio en su sueño, he sido encerrado en este palacio como si yo fuera un malvado. ¿Qué haré ahora? – terminando estas palabras, y sin más pensarlo, estiró sus manos hacia un árbol de espinas, tratando de cortar un palo de sus ramas de modo que pudiera golpear al león. Pero una de las espinas del árbol perforó su dedo y le causó un gran dolor e inflamación, de modo que el joven príncipe cayó en un desvanecimiento. Una fiebre violenta de repente se apoderó de él, y murió no muchos días más tarde.

Moraleja: “Afrontemos con paciencia y buen conocimiento nuestros problemas, buscando una solución correcta y no con desesperación y enojo. Obtendremos así mejores resultados”.

Autor: Esopo

El viejo, el niño y el burro - Cuento

Un buen día, el viejo molinero y su nieto iban camino al pueblo. Los acompañaba el asno, trotando alegremente.
Habían andado un corto trecho cuando se cruzaron con un grupo de muchachas.
-Miren eso -dijo una de ellas, riendo-. ¡Qué par de tontos! Tienen un burro y van a pie...
El viejo entonces le pidió al nieto que montara en el animal y siguieron el viaje.
Más adelante, pasaron junto a unos ancianos que discutían acaloradamente.
Imagen: El viejo, el niño y el burro Fuente: Internet
-¡Aquí está la prueba de que tengo razón! -dijo uno de ellos señalando al molinero y compañía-. Ya no se respeta a los mayores. ¡Miren si no a ese niño, tan cómodo sobre el burro, y el pobre viejo, camina que camina!
Entonces el molinero hizo bajar al nieto y se acomodó sobre el asno.
Al rato, se toparon con un grupo de mujeres y niños. Y escucharon un coro de protestas:
-¡¿Dónde se ha visto?!
-¡Qué viejo perezoso y egoísta!
-Él va muy cómodo, mientras al pobre niño no le dan las piernas para seguir el trote del burro...
El molinero, con santa paciencia, le dijo al chico que se acomodara detrás de él, en la grupa del animal.
Cerca del pueblo, un hombre le preguntó:
-Ese burro, ¿es suyo?
-Así es, señor.
-Pues no lo parece, por la forma en que lo ha cargado. Más lógico sería que ustedes dos cargaran con él, y no él con ustedes.
-Trataremos de complacerlo -dijo el molinero.
Desmontaron ambos, ataron las patas del asno con unas cuerdas, las ensartaron con un palo y, sosteniendo el palo sobre sus hombros, siguieron camino.
La gente jamás había visto algo tan ridículo y empezó a seguirlos.
Al llegar a un puente, el ruido de la multitud asustó al animal que empezó a forcejear hasta librarse de las ataduras. Tanto hizo que rodó por el puente y cayó en el río. Cuando se repuso, nadó hasta la orilla y fue a buscar refugio en los montes cercanos.
El molinero, triste, se dio cuenta de que, en su afán por quedar bien con todos, había actuado sin el menor seso y, lo que es peor, había perdido a su querido burro.


Autor: Esopo

Los tres perezosos - Cuento

Un padre tenía tres hijos muy perezosos, tanto que, cuando se enfermó y mandó buscar un notario para su testamento, le dijo que la herencia (un burro) sería para el hijo más perezoso.
Poco tiempo después, el hombre murió. El notario debió llamar a los hijos para hablarles del testamento, pues los jóvenes no preguntaban siquiera por su existencia.
El notario leyó el testamento ante el desinterés de los hijos y explicó:
– Vuestro padre hizo testamento antes de morir. Ahora debo saber cuál de ustedes tres es más perezoso.
Solicitó pruebas de su pereza al hijo mayor:
– Yo no tengo ganas de contar nada- agregó el mayor.
– Habla ya o te haré meter en la cárcel.
– Cierta vez, cayó una brasa candente en mi zapato, pero la pereza me impedía moverme, aunque me dolía mucho. Pero afortunadamente, unos amigos la apagaron.- concluyó el mayor.
– Eres un perezoso, yo te habría dejado arder, para ver cuánto aguantabas.
Interrogó al segundo hermano:
– Es tu turno.
– ¿También iré a la cárcel si no tengo qué contar?
– Ni lo dudes.
– Una vez caí al mar, pero tuve pereza de nadar, aunque sé hacerlo muy bien. Un barco de pescadores me rescató cuando estaba por ahogarme.
– Yo te habría dejado para que te salvaras tú mismo.
Finalmente interrogó al menor:
– Háblanos de tu pereza.
– Señor notario, puede llevarme a la cárcel y quedarse con el burro, porque no tengo ganas de hablar.
– El burro es tuyo, no hay dudas de que eres el más perezoso de los tres.-exclamó el notario.

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Imagen: Burro   Fuente: Internet

Autor: Esopo

Fábula - El lobo con piel de oveja

Érase una vez un lobo que tenía mucha hambre, y quería comerse una oveja de un rebaño que vivía cerca de su casa. Pero el pastor del rebaño siempre estaba muy atento y por muchos intentos que hacía nunca lo conseguía. Pensó un día el lobo en cambiar su apariencia para que así le fuera más fácil conseguir su comida. Paseando por el bosque con gran sorpresa vio una piel de oveja y se le ocurrió ponerla por encima para parecer una oveja. Así lo hizo y se fue a pastar con el rebaño, despistando totalmente al pastor.
Al atardecer, para su protección, el rebaño fue llevado a la parte de la granja donde pasaba la noche, quedando la puerta asegurada. El lobo se dijo “ahora cuando el pastor se duerma cogeré a la oveja que esté más gorda y me daré un auténtico festín”.
Pero esa noche, buscando el pastor la comida de su familia para el día siguiente, fue donde estaba el rebaño y cogió al lobo creyendo que era un cordero, lo sacrificó al instante.
Cuando la mujer del pastor intento cocinarlo, se dió cuenta de que realmente no era un cordero, sino un lobo, y llamo a su marido, este reconoció al lobo que ya había intentado en varias ocasiones atacar a sus ovejas, y se puso muy contento por haberlo matado.


Moraleja: Debemos tener mucho cuidado, pues las apariencias engañan

Fábulas de Esopo para niños

Imagen: El lobo      Fuente: Internet

Autor: Esopo

Rima - No fue amistad sólida

No fue amistad sólida,
sólo de un hola y otro hola,
pudo haber sido cálida 
y jamás de una sola.


Autor: Liliana Nataly Arcila Díaz