Fábula - Los cuatro chivitos

Había una vez, un pastorcito que en sus vacaciones llevaba a pastar cuatro chivitos.
Todos los días muy temprano, los llevaba al cerro donde había hierba fresca y regresaba a su casa antes de que se ocultara el sol. 

Pero una tarde, los chivitos no querían regresar a la casa. Por más que hizo el pastorcito, los chivitos no se movieron. No sabiendo ya que más hacer se puso a llorar.
 Al poco rato, una llama pasó y le preguntó:
-¿Por qué lloras pastorcito?
-Lloro porque mis chivitos no quieren regresar a casa y, si llego tarde mi mamá se va a preocupar - contestó el pastorcito. 
- No te preocupes, yo los voy a hacer bajar - dijo la llama.

La llama trató de hacer bajar a los chivitos empujándolos, pero ellos se escapaban y seguían comiendo hierba.
 No sabiendo ya qué hacer, la llama se puso a llorar con el pastorcito.
En eso una abejita pasó y le preguntó:
-¿Por qué lloras llamita?
-Lloro porque el pastorcito llora porque sus chivitos no quieren regresar a casa y, si llega tarde, su mamá se va a preocupar - respondió la llama.
- No te preocupes llamita, que yo los haré bajar - exclamó la abejita.
Entonces el pastorcito, la llama, y los chivitos se pusieron a reír.
- ¿Cómo vas a poder tú, que eres tan chiquita, si nosotros no hemos podido hacerlos bajar - le dijeron.
Pero la abejita no les hizo caso, y se puso a zumbar por la orejas de los chivitos.
Este, desesperado corrieron cerro abajo.
Mientras tanto, la llama y el pastorcito se miraban entre sí asombrados y la abejita les dijo: 
- ¡Nunca se burlen de una persona chiquita, que a veces puede más que otros que son más grandes y fuertes!.

Imagen: Abeja     Fuente: 123rf.com

Autor: Fábula de los Andes