Fábula - El gallo y el chancho

Había una vez un gallo, que acudía a quitarle algunos desperdicios a un chancho que su amo le proporcionaba para su alimentación. Tenía maíz de sobra, el muy atrevido  pero gustaba también del arroz, cebollas, entre otros.
El cerdo cansado por la mala acción del gallo, porque no le pedía, comía, y no le daba  las gracias; antes contestaba con altanería.
- ¡No es para ti!, ¡lárgate! - replicaba el cerdo indignado.
- ¡No me voy!, ¿no sabes compartir animal? - le decía el gallo con tono desafiante.
- ¡Comes y no engordas, estás todo flaco como una gallina! - le gritaba el chancho.
Imagen: El gallo y el chancho   Fuente: 123rf.com
- ¡No menciones a mi esposa grasoso!. ¿Comes, aumentas tu peso y apuras tu muerte?, yo... voy a vivir más años, la patrona a comprado más gallinas ...estaré ocupadísimo. Tú eres un pobre chancho castrado, sin descendencia... jiri, jiri, jiri - ríó el gallo con grande fiasco.
El chancho calló y se sumió  en suma meditación y el gallo se sintió vencedor, porque el gordito no articulaba palabra alguna, hasta que de un mordisco le arrancó un pedazo de cuero del pescuezo y le jaló las plumas del rabo.
- ¡Ay, aaaa...yyy! - gritó de dolor - , ¡animal, ninguna gallina me va a querer ahora!.
- ¡Pero la olla y la barriga del amo, sí! y no  te acabo de comer porque mi amo me trajo huesos de gallos, jo, jo, jo  - ríó el cerdo -. ¿ Ahora quién va a vivir más años... eh?, creo que voy a hacer dieta.
El animal de dos patas corrió en busca de su amo. Éste, lo examinó, y sin más remedio, agarró el cuchillo y lo sacrificó.
José, le dió a su mujer llamada Rosa para que lo prepare. Su hijo Arturo había venido desde el departamento de Cajamarca, cansado y hambriento.
Comieron y bebieron complacidos, la familia Rosales.
Luego José y su hijo se dirigieron al corral.
-Papá, el chancho no ha comido nada ¿verdad?, allí está su comida, se va a enflacar, matémoslo - Arturo le dijo a su progenitor.
El chancho escuchaba la sentencia y sólo le quedaba resignarse, aquella dieta no funcionó.                                    
- Mañana, Arturo - asintió  don José.
- Si, Dios quiere - agregó Arturo.
- Pasemos adentro hijo - dijo el papá tocándose  el corazón.
- ¿Qué te pasa papá, te encuentras bien?.
- No, es nada no debes preocuparte.
- Te acompaño a tu cuarto.
Arturo lo abrazó y le dejó descansar.
Al día siguiente se alistó la familia para sacrificar al cerdo; pero ocurre una desgracia inesperada, José muere, producto de un infarto al corazón. Hace 6 meses atrás, había sentido fuertes dolores, pero no le dijo nada a su esposa para no preocuparla.
Rosa decide vender el chancho al carnicero del pueblo, para cubrir en algo los gastos del entierro.
Una semana después, Arturo  viaja a Cajamarca por motivos de negocios. Y volvería a visitar a su mamá dentro de dos meses, para acompañarla y cuidarla.
Fin

Autor: Liliana Nataly Arcila Díaz