Poesía - La nariz y los ojos

Púsose la nariz malhumorada
y dijo a los dos ojos:
"Ya me tienen ustedes jorobada
cargando los anteojos."

"Para mí no se han hecho. Que los sude
el que por ellos mira."
Y diciendo y haciendo se sacude
y a la calle los tira.

Su dueño sigue andando, y como es miope,
da un tropezón, y cae,
y la nariz aplástase . . . y del tope
a los ojos sustrae.

Sirviendo a los demás, frecuentemente
se sirve uno a sí mismo;
y siempre cuesta caro el imprudente
y selvático egoísmo.

Poeta: Rafael Pombo

Poesía - El libro

Imagen: Los Niños aman leer   
Fuente: es.123rf.com
Amigo fiel que me acompañas
cuando hay frío o calor,
amigo sabio que me enseñas
de la vida lo mejor
Contigo descubro el mundo
entre páginas de amor,
de lo simple a lo profundo
de la alegría al dolor.                           

Amar a mi patria me enseñas,
también como hacer un avión,
me cuentas historias pequeñas
¡Es tuyo mi corazón!

Tu eres libro mi amigo
y yo de ti disfrutaré,
quédate siempre conmigo
que yo también te amaré.

Poeta: Maritza Valle Tejeda

Fábula - El perro y su imagen en el espejo

Cierto día el perro Sulky, estaba en la casa de su ama. Sin querer se miró al espejo, y comenzó a ladrar; por ende corría a los dormitorios, porque pensaba que había otro perro que lo miraba furioso, y dispuesto a atacar. Sulki Lanzaba grandes ladridos, atemorizantes, Ya que cuando salía a buscarlo pensaba que este segundo animal se escondía rápidamente atrás del espejo, el cual permanecía colgado en la pared  de la sala.
Así prevaleció por unos minutos; su ama al verlo, lo acarició, y lo acercó al espejo; sólo bastó unos minutos para  dejar de oler, temblar y ladrar. Finalmente comenzó a mirarse con más confianza e hizo un esfuerzo por permanecer más tranquilo, durante todo ese día.

Moraleja: Debemos mirar bien nuestros caminos  de cómo andamos en la vida. Y si hay algo corregirnos; para no desconocernos, asustarnos, enojarnos con nuestra imagen, es decir uno mismo.

Imagen: El perro se mira al espejo     Fuente: Internet 

Autor: Liliana Nataly Arcila Díaz

Fichas para Imprimir - Lenguaje

En la sección “Fichas para imprimir” encontrarás fichas para niños de Primaria.
cuentan con diferentes características que hacen de ellas una herramienta para el aula y/o para casa en el aprendizaje diario del niño. 

Puedes descargar esta Ficha de Evaluación  para niños(as) del  Primer grado de primaria.



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Fábula - El león y el ratón

Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león echó a reír y lo dejó marchar.

Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oír los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre.


- Días atrás - le dijo -, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por tí en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos.

Moraleja:
Nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos. Cuando llegue el momento las cumplirán.


Imagen: El león y el ratón        Fuente: Internet

Autor: Esopo

Fábula - La lechera

Hace mucho tiempo, en una granja rodeada de animales, vivía la joven Elisa. Una mañana de verano se despertó antes de lo acostumbrado.
- ¡Felicidades, Elisa! – le dijo su madre -. Espero que hoy las vacas den  mucha leche porque  luego  irás  a  venderla  al  pueblo  y  todo  el  dinero  que  te  den  por  ella  será para ti. Ese será mi regalo de cumpleaños. 
¡Aquello sí que era una sorpresa! ¡Con razón pensaba Elisa que algo bueno iba a pasarle!, ella que nunca había tenido dinero, iba a ser la dueña de todo lo que le dieran por la leche. ¡Y por si fuera poco, parecía que las vacas se habían puesto también de acuerdo en felicitarla, porque aquel día daban más leche que nunca!.


Imagen: La lechera va al 
mercado 
Fuente:  Internet
Cuando tuvo un cántaro grande lleno hasta arriba de rica leche, la lechera se puso en camino.
Había empezado a calcular lo que le darían por la leche cuando oyó un carro del que tiraba un borriquillo. En él iba Lucia hacia el pueblo para vender sus verduras.
-¿Quieres venir conmigo en el carro? – le preguntó.
– Muchas gracias, pero no subo porque con los baches la leche puede salirse y hoy lo que gane será para mí.
-¡Fiuuu…! ¡vaya suerte! – exclamó Lucía -. Seguro que ya sabes en lo que te lo vas a gastar.

Cuando se fue Lucía, Elisa se puso a pensar en las cosas que podría comprarse con aquel dinero.
Ya sé lo que voy a comprar: ¡una cesta llena de huevos! Esperaré a que salgan las pollitos, los cuidaré y alimentaré muy bien. y cuando crezcan se convertirán en hermosos gallos y gallinas.
Elisa se imaginaba ya las gallinas crecidas y  hermosas  y  siguió  pensando  qué  haría después.
– Entonces iré a venderlos al mercado, y con el dinero que gane comprará un cerdito, le daré muy bien de comer y todo el mundo querrá comprarme el cerdo, así cuando lo venda, con el dinero que saque, me comprará una ternera que dé mucha leche. ¡Qué maravilla! Será como si todos los días fuera mi cumpleaños y tuviera dinero para gastar.
Ya se imaginaba Elisa vendiendo su leche en el mercado y comprándose vestidos, zapatos y otras cosas.


Imagen: La leche se derrama
     Fuente: Internet
Estaba tan contenta con sus fantasías que tropezó, sin darse cuenta, con una rama que había en el suelo y el cántaro se rompió.
-¡Adiós a mis pollitos y a mis gallinas y a mi cerdito y a mi ternera! ¡Adiós a mis sueños de tener una granja! No sólo he perdido la leche sino que el cántaro se ha roto. ¿Qué le voy a decir a mi madre? ¡Todo esto me está bien empleado por ser tan fantasiosa!.

Y así es como acaba el cuento de la lechera. Sin embargo. Cuando regresó a la granja le contó a su madre lo que había pasado. Su madre era una madre muy comprensiva y le habló así:
– No te preocupes, hija, cuando yo tenía tu edad era igual de fantasiosa que tú, pero gracias a eso empecé a hacer negocios parecidos a los que tú te imaginabas y al final. logré tener esta granja. La imaginación es buena sí se acompaña de un poco de cuidado con lo que haces.
Elisa aprendió mucho ese día y a partir de entonces tuvo cuidado cuando su madre la mandaba al mercado.
Imagen: La lechera reflexiona      Fuente: Internet

Autor: Esopo

Fábula - La liebre y la tortuga

En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz. Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga.
-¡Miren  la  tortuga! ¡Eh, tortuga,  no   corras  tanto  que  te  vas  a  cansar  de  ir   tan  de  prisa! - decía la liebre riéndose de la tortuga.


Imagen: La liebre se burla de la tortuga
Fuente: Internet
Un día, conversando entre ellas, a la tortuga se le ocurrió de pronto hacerle una rara apuesta a la liebre.
-Estoy segura de poder ganarte una carrera -le dijo.
-¿A mí? -preguntó, asombrada, la liebre.
-Pues sí, a ti. Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quién gana la carrera.
La liebre, muy divertida, aceptó.
Todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. Se señaló cuál iba a ser el camino y la llegada. Una vez estuvo listo, comenzó la carrera entre grandes aplausos. Confiada en su ligereza, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando. ¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura!.
Luego, empezó a correr, corría veloz como el viento mientras la tortuga iba despacio, pero, eso sí, sin parar. Enseguida, la liebre se adelantó muchísimo.Se detuvo al lado del camino y se sentó a descansar.
Imagen: La liebre duerme
Fuente: Internet
Cuando la tortuga pasó por su lado, la liebre aprovechó para burlarse de ella una vez más. Le dejó ventaja y nuevamente emprendió su veloz marcha.
Varias veces repitió lo mismo, pero, a pesar de sus risas, la tortuga siguió caminando sin detenerse. Confiada en su velocidad, la liebre se tumbó bajo un árbol y ahí se quedó dormida.
Mientras tanto, pasito a pasito, y tan ligero como pudo, la tortuga siguió su camino hasta llegar a la meta. Cuando la liebre se despertó, corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, la tortuga había ganado la carrera.
Aquel día fue muy triste para la liebre y aprendió una lección que no olvidaría jamás: No hay que burlarse jamás de los demás. También de esto debemos aprender que la pereza y el exceso de confianza pueden hacernos no alcanzar nuestros objetivos.

Con seguridad, constancia, y paciencia, aunque parezcamos lentos, siempre lograremos el éxito. Recuerden, poco a poco, se llega muy lejos.


Imagen: La tortuga gana la carrera       Fuente: Internet
Autor: Esopo

Fábula - El padre y sus dos hijas

Un padre tenía dos hijas. Una casó con un hortelano y la otra con un fabricante de ladrillos.


Imagen: El padre y sus dos hijas         Fuente: Pública de internet

 Al cabo de un tiempo fue a visitar a la casada con el hortelano, y le preguntó sobre su situación. Ella dijo: 
-Todo está de maravilla conmigo, pero sí tengo un deseo especial: Que llueva todos los días con abundancia para que así las plantas tengan siempre suficiente agua.

Pocos días después visitó a su otra hija, también preguntándole sobre su estado. Y ella le dijo:
-No tengo quejas, solamente un deseo especial: Que los días se mantengan secos, sin lluvia, con sol brillante, para que así los ladrillos sequen y endurezcan muy bien.

El padre meditó: Si una desea lluvia, y la otra tiempo seco, ¿a cuál de las dos le adjunto mis deseos?.

Moraleja: “No trates nunca de complacer y quedar bien con todo el mundo. Te será imposible”.

Autor: Esopo

Fábula - El gallo y el chancho

Había una vez un gallo, que acudía a quitarle algunos desperdicios a un chancho que su amo le proporcionaba para su alimentación. Tenía maíz de sobra, el muy atrevido  pero gustaba también del arroz, cebollas, entre otros.
El cerdo cansado por la mala acción del gallo, porque no le pedía, comía, y no le daba  las gracias; antes contestaba con altanería.
- ¡No es para ti!, ¡lárgate! - replicaba el cerdo indignado.
- ¡No me voy!, ¿no sabes compartir animal? - le decía el gallo con tono desafiante.
- ¡Comes y no engordas, estás todo flaco como una gallina! - le gritaba el chancho.
Imagen: El gallo y el chancho   Fuente: 123rf.com
- ¡No menciones a mi esposa grasoso!. ¿Comes, aumentas tu peso y apuras tu muerte?, yo... voy a vivir más años, la patrona a comprado más gallinas ...estaré ocupadísimo. Tú eres un pobre chancho castrado, sin descendencia... jiri, jiri, jiri - ríó el gallo con grande fiasco.
El chancho calló y se sumió  en suma meditación y el gallo se sintió vencedor, porque el gordito no articulaba palabra alguna, hasta que de un mordisco le arrancó un pedazo de cuero del pescuezo y le jaló las plumas del rabo.
- ¡Ay, aaaa...yyy! - gritó de dolor - , ¡animal, ninguna gallina me va a querer ahora!.
- ¡Pero la olla y la barriga del amo, sí! y no  te acabo de comer porque mi amo me trajo huesos de gallos, jo, jo, jo  - ríó el cerdo -. ¿ Ahora quién va a vivir más años... eh?, creo que voy a hacer dieta.
El animal de dos patas corrió en busca de su amo. Éste, lo examinó, y sin más remedio, agarró el cuchillo y lo sacrificó.
José, le dió a su mujer llamada Rosa para que lo prepare. Su hijo Arturo había venido desde el departamento de Cajamarca, cansado y hambriento.
Comieron y bebieron complacidos, la familia Rosales.
Luego José y su hijo se dirigieron al corral.
-Papá, el chancho no ha comido nada ¿verdad?, allí está su comida, se va a enflacar, matémoslo - Arturo le dijo a su progenitor.
El chancho escuchaba la sentencia y sólo le quedaba resignarse, aquella dieta no funcionó.                                    
- Mañana, Arturo - asintió  don José.
- Si, Dios quiere - agregó Arturo.
- Pasemos adentro hijo - dijo el papá tocándose  el corazón.
- ¿Qué te pasa papá, te encuentras bien?.
- No, es nada no debes preocuparte.
- Te acompaño a tu cuarto.
Arturo lo abrazó y le dejó descansar.
Al día siguiente se alistó la familia para sacrificar al cerdo; pero ocurre una desgracia inesperada, José muere, producto de un infarto al corazón. Hace 6 meses atrás, había sentido fuertes dolores, pero no le dijo nada a su esposa para no preocuparla.
Rosa decide vender el chancho al carnicero del pueblo, para cubrir en algo los gastos del entierro.
Una semana después, Arturo  viaja a Cajamarca por motivos de negocios. Y volvería a visitar a su mamá dentro de dos meses, para acompañarla y cuidarla.
Fin

Autor: Liliana Nataly Arcila Díaz